Anna ha tenido que tomar muchas decisiones a lo largo de su vida. Como cuando a los cinco años decidió que la palabra padre no era necesaria en su vocabulario, o a los siete cuando decidió que no podía quedarse esperando a que alguien la ayudará tras la muerte de su madre, o a los nueve cuando decidió que la familia Blair podría ser su final feliz. Pero cuando cumpla dieciocho tendrá que enfrentarse a la mayor decisión de su vida: seguir viviendo una corriente vida humana o abrazar la inmortalidad.

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